Retrato al óleo del papa Clemente VIII sentado escribiendo, con muceta roja y bonete, junto a un libro y un cráneo

El papa Francisco en Chiapas

Por qué la Iglesia católica alguna vez desconfió del café, y cómo terminó bendiciéndolo

“¿Podemos pedirle al papa Francisco que bendiga nuestro cafecito orgánico en su visita a Chiapas?”, preguntó un amante del café hace algunas semanas.

El papa Francisco visitará Tuxtla Gutiérrez y también nuestra bella e histórica San Cristóbal de las Casas, y sostendrá encuentros con las comunidades creyentes e indígenas de la región. Quizá los felicite por el estupendo café orgánico que producen, aunque claro que ese no es el motivo principal de su visita a Chiapas.

Respondiendo a la pregunta inicial, qué tan conveniente sea o no pedirle al papa que bendiga el café orgánico de nuestros pequeños productores es otro tema; sin embargo, no queremos perder la oportunidad de recordar la bendición que un día, en el Vaticano, permitió el consumo del café.

Cuando la Iglesia desconfiaba del café

Lo que sí debemos saber es que no tenemos por qué sentirnos culpables por beber café. En la antigüedad se tenía la creencia de que el café era una bebida “satánica” según la Iglesia católica, y por eso se le llegó a conocer en Europa como “el vino árabe”.

Retrato al óleo del papa Clemente VIII sentado escribiendo, con muceta roja y bonete, junto a un libro y un cráneo
El papa Clemente VIII. La tradición le atribuye haber probado el café y bendecirlo en lugar de prohibirlo.

En un principio, la Iglesia no aceptaba esta bebida por ser oscura, ya que quien la bebía despertaba energías casi de inmediato. Fue así como, ante los rumores sobre el curioso brebaje árabe, el papa Clemente VIII se inclinó por su curiosidad y decidió probarlo él mismo antes de dar una definición sobre la bebida. Lo que dijo después de probarla fue, según se cuenta: sería pecado dejar a los descreídos una bebida tan deliciosa, y que valía la pena vencer a Satanás impartiéndole bendición, para hacer de ella una bebida verdaderamente cristiana.

Después de lo ocurrido con el papa Clemente VIII, la expansión del consumo de café fue notable en todo el mundo occidental, con especial fuerza en el suroeste de Europa, y luego se extendió a toda América, integrándose entre los productos más sembrados y cultivados del continente.

Hoy, gracias en parte a esa bendición, el café forma parte del menú cotidiano de varios representantes de la Iglesia católica: antes del papa Francisco, el papa Benedicto XVI solía tomar un cafecito con leche en su desayuno, acompañado de dulces y jugo de naranja.

Este artículo se escribió antes de la visita del papa Francisco a Chiapas, que tuvo lugar el 15 de febrero de 2016. Lo dejamos tal como se publicó entonces, como parte del archivo de nuestro blog.

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