Llegada del café en América. Blogonovela, parte 4
El descenso al invernadero y el esqueje que cambiaría el rumbo del café.
Blogonovela: la llegada del café a América.
Parte 2 · Parte 3 · Parte 4 · Parte 5 · Parte 6 · Parte final
Fue más fácil de lo que pensó. Rápidamente llegó al techo y, caminando con cuidado, buscando los soportes metálicos para no pisar el vidrio, llegó junto a la ventana más próxima. Amarró un extremo de la soga a un pedazo de varilla metálica dejada fuera de la estructura como adorno, y arrojó el resto de la soga por la ventana. Una vez que verificó que el nudo estaba firme, De Clieu dio inicio al descenso.
Fue más bien un aterrizaje: se deslizó rápidamente, frenando con los pies y las manos. A los pocos segundos ya avanzaba entre los pasillos llenos de olores, humedad y plantas verdes. Sabía, en teoría, en qué pasillo estaba la planta, pero rogaba a Dios que no la hubiesen movido de sitio; aunque plantada en tierra, era pequeña y podía ser transportada fácilmente.
Pero Gabriel no quería toda la planta, que de todos modos hubiese sido un problema transportar. Quería solo un esqueje, una pequeña rama de la cual nacerían otras.
La plateada luz de la luna entró por los ventanales y el militar caminó rápidamente, movido más por su memoria que por la vista. Pocos minutos después estaba frente a la planta de coffea, regalo del Rey holandés a Francia, tesoro personal de Luis XIV. Con un filoso cuchillo que sacó de su cinturón, De Clieu cortó una rama y, sacando la maceta que llevaba, recogió tierra de alrededor de la planta y llenó hasta la mitad el macetero. Sembró el esqueje y, una vez que verificó que estuvo firme en su nuevo hábitat, se puso de pie y encaminó los pasos hacia la ventana por la que había entrado.
Trepó de regreso, retiró la soga y la colocó de nuevo en su espalda; la maceta iba segura en una pequeña bolsa de tela. Caminando de nuevo con cuidado entre los soportes metálicos, llegó al extremo del techo con la pared, y estaba por iniciar el descenso cuando escuchó pasos y vio una luz que se aproximaba desde el palacio.
Se quedó quieto, sin hacer ruido. Pero el hombre que caminaba lento no cambió de dirección ni se detuvo: bajó los escalones de piedra para descender al nivel del invernadero, caminó hacia la entrada y con una lámpara de aceite encendió otras dos que se encontraban a un lado de la enorme puerta de cristal. Era el sereno haciendo su ronda; nada iba mal.
De Clieu sonrió: todo iba bien. Bajó con agilidad, recogió su sombrero y caminó resuelto, tranquilo pero rápido, por la misma ruta que usó para entrar. En la caballeriza, dos guardias le hicieron el saludo y le invitaron un vaso de vino, que él rehusó con gratitud; montó su corcel y se dirigió a la salida. Nadie lo detuvo, nadie preguntó nada. Eran las diez de la noche y la temperatura bajaba. El capitán Gabriel Mathieu de Clieu, de los dragones negros del Rey Luis XIV, dejaba atrás su servicio militar, dispuesto a convertir su sueño en realidad, o morir en el intento.
Siete días después, el Normandie, velero de dos palos y treinta cañones, llegaba al puerto de Lisboa, después de haber zarpado de Le Havre en Francia, con destino a las Indias Orientales. Repostó alimento y agua, y subió algunos pasajeros con destino al Nuevo Mundo. Gabriel vio su camarote invadido por dos portugueses que, al igual que él, habían pagado el precio al capitán para viajar lo más cómodo posible en aquel buque.
A uno de ellos no le pasó desapercibida la planta de treinta centímetros, colocada en su maceta de barro y fuertemente amarrada a un madero del camarote. -¿Es coffea arabica, verdad? -le preguntó en la noche al francés. -¿La conoce bien? -preguntó De Clieu, intrigado. -Estuve en Arabia un tiempo, vi los cultivos y estoy seguro de que usted lleva una planta de esa variedad -le contestó en perfecto francés el hombre. -Sí -aceptó Gabriel-, es un encargo del Rey: llevarla a su colonia en Martinica, para probar si se desarrolla bien. -¡Sí, claro! -el hombre sonrió, enigmático-. Que tenga suerte -dijo, y se acostó a dormir en la hamaca que le habían asignado.
Descubre más
Preguntas frecuentes
Lo que casi siempre nos preguntan
Sigue leyendo
Sigue con la blogonovela
El siguiente paso
El mismo cuidado que llevó al café a cruzar un océano
Café orgánico de Chiapas, de más de 9,000 pequeños productores de comercio justo, tostado al pedido y en tu puerta cada mes.
Ver planes de suscripción Pedir por WhatsApp


